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Amor Locura

12 octubre, 2016

 

Mirando a los ojos de mi hijo, me pongo a pensar sobre el primer año de nuestras vidas juntos. Pienso en el amor, en esa grieta que se abre entre la palabra y el silencio, entre su piel y la mía. Un lugar donde pierdo mi origen y él lo encuentra. Digo “origen” y la habitación es un cementerio de muebles tapados. ¿ Adónde van las caricias que nos damos?, ¿se acordará de lo mucho que le estoy amando dentro de unos años?.
Cuando nos hacemos mayores, vamos penetrando en el bosque de los números y las divisiones. Nuestra memoria, los recuerdos tempranos, se traducen al lenguaje de las flores.

“Si no amamos enfermamos”, Freud cree que hay que amar para no enfermar porque obliga a reconocer que hay un otro. Me pongo a pensar en el pegamento que nos salva, en el famoso “apego seguro” de Bowlby y su teoría. Amar nos cura, experimentar de bebés el amor sin límite. Esas bendiciones maternas, de cuidados de “ te beso infinitamente hasta morir” , nos prepara para emprender el viaje. Un viaje en el que llevamos el sabor de aquellos abrazos y besos que nos dieron, o no , llevando amnésicos el olor y la mirada .

Le busco con mi mirada como una loba, vuelvo a verle, está jugando. Gatea y aprende a dar sus primeros pasos. Me pierdo en su juego, en la metrópolis de su intuición, me mira con el martillo utópico del ciempiés,me aprieta el corazón con el serrucho sincero con el que traza las nubes, con el misterio azul de pequeño sacerdote.
Le abrazo y entre calambres de ternura intento decirle con palabras rosadas : acuérdate de que eres bienvenido, te amo, acuérdate de olvidarme, acuérdate de acordarte.Con el perdón de Edipo ,acuérdate de mi.

Freud mantiene que el niño queda ligado inconscientemente a objetos infantiles, con lo cual el amor a partir de ahí sería una repetición de aquellos que le recuerden a los de la infancia. Desde esta perspectiva, las elecciones amorosas no serían casuales, sino que vendrían, de alguna manera, determinadas por rasgos que le recuerdan a aquellas primeras personas que le rodearon, normalmente familiares cercanos u otros personajes que tuvieron ascendente sobre el niño.
Más tarde, Miller dirá a este respecto que el que existan esos rasgos que pueden provocar una atracción inconsciente, no quiere decir que estemos programados, ni predestinados a encontrarnos o no, porque considera que lo que determina fundamentalmente que las personas lleguen a amarse son sus discursos.

Freud pasa a creer que amor y pulsiones juntos forman el Eros; este, nombre también del dios del amor, se apoya en el narcisismo, y supone el conjunto de las pulsiones de vida; y Eros no es sin el otro. A su lado tiene a Thanatos que tiende a ignorar la alteridad. Pero aunque amor y muerte van cogidos de la mano, este último no solo tiende a la muerte como final o destrucción total, sino que ayuda a Eros en la tarea de destruir y separarse de aquello que le daña, y así posibilitar que pueda prevalecer el principio del placer.

Freud, a veces  me das miedo. Se pueden pensar cosas serias con alegría.Para Ferenczi “sólo la simpatía cura”. Sin simpatía no hay curación.

El amor cura. Dudo de la santidad de mis convicciones, dudo como el álamo que tiembla. El amor locura.

Cuando pienso en el amor desde el punto de vista psicológico me pierdo en los laberintos del inconsciente. Menos mal que también existe la literatura, el arte, la música, el cine que tanto nos sana.

Lleno mis ausencias con la mirada de los poetas y con tu carne. Doy gracias a Camarón, a Maruja Mallo y a tí, mi Humbert Humbert.

Esta mañana he metido una moneda en la boca del oráculo de los versos y me ha salido esto:

“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estanqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto” (Julio Cortázar, Rayuela).

 

Violeta Pagán Navarro

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